12 julio 2006

Hoy soplan vientos distintos, por Jorge Arrate.

Reviso mi memoria para tratar de recordar las veces en que vi las orillas del camino de ingreso a Santiago desbordadas de gente, generosas en sus gritos, pletóricas de aliento popular. Recuerdo la multitudinaria bienvenida a Fidel Castro en 1971. Recuerdo el regreso a Chile de la “última exiliada”, Hortensia Bussi de Allende...
Rememoro el traslado de los restos del propio Allende desde el Cementerio de Santa Inés, en Viña del Mar, al Cementerio General de Santiago, en 1990. El vehículo que lleva el féretro surca veloz -excesivamente veloz- la carretera, la Alameda, las calles del centro, como si temiera que el espíritu del cuerpo que acarrea fuera a inquietar en exceso los comienzos de la delicada transición. Un amigo europeo me pregunta si acaso hay temor a que secuestren el ataúd. Me impacta la idea e imagino el hecho: el cadáver, expropiado por tanto tiempo, es robado, como gesto de recuperación, y circulan luego rumores interminables sobre la tumba. Hay muchas tumbas, dicen, muchas, en diversos rincones de Chile… Vuelvo a la realidad: la transición camina a paso lento, el ataúd de Allende a toda velocidad. Y, sin embargo, es un gran avance ese funeral y el pueblo así lo siente.
Quizá si el 11 de marzo de este año algo de todo eso vibraba a las orillas de los caminos. Y también la algarabía popular que mis padres describían al recordar el triunfo de Aguirre Cerda en 1938. Y de la muchedumbre de octubre de 1988 y del triunfo, un año más tarde, del Presidente Aylwin. Michelle Bachelet, una mujer socialista, entró a Santiago, desde Valparaíso, representando eso y mucho más: una memoria, una historia, también un futuro.
“Hoy soplan vientos distintos”, dijo Bachelet, en su primer discurso como jefa de un “gobierno de los ciudadanos”, de un gobierno de un Chile en que “no habrá ciudadanos olvidados”. “Ese es mi compromiso”.
¿Cómo se insertan los partidos políticos en ese “gobierno ciudadano”? Es una cuestión que surgió durante la campaña, cuando se avizoró, en la primera vuelta, una supuesta contradicción entre la “campaña ciudadana” y el rol de los partidos. La segunda ronda electoral subsanó desajustes: la relación más directa, sin intermediaciones, entre la candidata y la gente, y el despliegue territorial de los partidos y de sus militantes, convergieron positivamente. Pero, con las designaciones ministeriales y de otros altos cargos ha continuado la especulación periodística y de los círculos políticos respecto a cuál será efectivamente el rol de los partidos en el gobierno que recién se inicia.
Mi impresión es que la respuesta deben darla los propios partidos. Es bien conocido que tienen actualmente bajos índices de estimación ciudadana, según las encuestas. Muchos, entre los cuales me cuento, sienten que los partidos han dejado de lado varios de los roles que, aún imperfectamente, asumieron en un tiempo pretérito -transmisores de cultura, pedagogos sociales, formadores políticos- para cumplir funciones más operativas, más apegadas al ejercicio del poder del Estado, con liderazgos fuertemente asentados en los medios de comunicación audiovisuales. Pero también muchos pensamos que, aún siendo entidades siempre imperfectas y sujetas a deformaciones ya clásicas, los partidos son uno de los cimientos del sistema democrático.
Entonces, su gran desafío es ajustarse a una sociedad que ha cambiado radicalmente en la forma como convive, como trabaja y como se comunica. Y a un gobierno que es distinto porque es más “ciudadano”. Los partidos que lo apoyan necesitan preguntarse cómo se reforman para contribuir a que, desde todos los escenarios posibles, se generen condiciones favorables al cumplimiento del programa de ese gobierno. En particular, esta tarea pareciera ineludible para el Partido Socialista, aquel al que pertenece la Presidenta y aquel que luchó por establecerla como candidata de la coalición y luego por su triunfo electoral.
Se trata de un exigencia a todos los socialistas y debiera ser, constructivamente, el gran tema de las elecciones internas convocadas por la actual dirección, ya que ha optado por no realizar un Congreso partidario.
Pero un primer punto necesita ser despejado y clarificado: el apoyo del Partido Socialista al gobierno de Bachelet no debiera suscitar discusión. El PS se ha comprometido con un programa de cuatro años y eso significa que, sin perjuicio de planteamientos propios de un horizonte más extenso, a los que ningún partido político podría renunciar, el PS debe apoyar todo aquello que está en el programa y velar para que se cumpla tanto cuanto las circunstancias lo permitan. No cabe, salvo cambios muy evidentes de situación, promover objetivos que vayan más allá de los comprometidos. Hay que recordar que ninguno de los tres gobiernos de Concertación ha podido cumplir al cien por ciento su programa. Es claro que lograrlo no depende exclusivamente de la voluntad del gobierno y sus partidos. De esta manera, para ser preciso, de lo que se trata es que un gobierno haga efectiva y honestamente todo lo que esté a su alcance para cumplir sus metas y que, si no las logra, explique con transparencia la razón y no omita señalar los responsables de su no cumplimiento. En este último aspecto los tres gobiernos concertacionistas, presionados por la necesidad de los votos de derecha en el parlamento, han optado por ser menos claros de lo que sería deseable. La derecha aparece siempre como “oposición constructiva” y termina votando a favor proyectos de ley que, en el decurso parlamentario, ha mutilado a su propio gusto. Mejor sería que la ciudadanía sepa claramente cuál ha sido su rol obstructor.
Entonces, la pregunta crucial es: ¿cómo contribuye de la mejor manera el PS al éxito de su propio gobierno? Obviamente ninguna persona puede dar respuesta a esta cuestión ya que, por su naturaleza, debe elaborarse colectivamente.
¿Se requerirá un partido más participativo, democrático y abierto que el actual, con menos síntomas de oligarquización, para estar en consonancia con un gobierno ciudadano, que quiere innovar en los métodos de gobernar y en su aproximación a las personas? La respuesta es obvia, pero habría que dar entonces pasos para poner término a las “corrientes” cristalizadas en grupos corporativos o mutuales y para garantizar la vigencia de las normas democráticas internas aprobadas legítimamente por los eventos partidarios. Debe también establecerse una voluntad y un espíritu “institucional” que ponga por encima de los intereses tendenciales el interés colectivo del partido como tal. Se hace necesario combatir el ensimismamiento partidario, ese hábito a generar los propios problemas y las soluciones entre un grupo reducido, la concentración en los temas estrictos de poder sin clara atención a los fundamentos y diferencias políticas. No es concebible un partido “internista” que pretende ser sostén principal de un gobierno “ciudadano”…
¿Cómo se fortalecen las ideas del programa y las del socialismo en la sociedad? Sin duda un gobierno necesita apoyos desde todas las instancias sociales organizadas. Es común sostener que hay que volcar al PS a la sociedad y no dejarse absorber totalmente por las preocupaciones de Estado. Pero volcarse a la sociedad, más allá de la buena intención, pareciera no bastar. Pienso que hay que hacer también el proceso inverso: traer sociedad organizada al interior del PS, pensar en cómo la fuerza social estructurada se expresa en el interior del partido. Sostengo que dirigentes locales o sociales plenamente legitimados por actos soberanos de sus organizaciones deben tener, si cumplen ciertas condiciones, una legitimación dirigente en el partido.
¿Cómo se impulsa una acción destinada a convertir al PS en sólido apoyo de gobierno y en protagonista social? Los socialistas demandan hoy a sus propios gobiernos avances de gestión y administración que no se imponen a sí mismos. Se precisa un plan con metas y tiempos de cumplimiento, sometido a un riguroso seguimiento, para dar saltos importantes en la formación política, el reclutamiento, el desarrollo de la presencia socialista en los sindicatos, en el mundo estudiantil, agrario, poblacional, femenino y, en general, en el mundo social. Sería deseable que, para estar a tono con un gobierno que impulsa políticas de igualdad también a nivel regional, el PS reconozca mayores grados de autonomía a sus organismos regionales.
¿Cómo se mantiene e incrementa el apoyo social y político a las medidas de cambio profundo que propone el programa de Bachelet? Pareciera que no basta con el intenso diálogo al interior de la coalición o en un parlamento caracterizado por la exclusión de sectores democráticos. Un PS a tono con el nuevo gobierno debe dar curso, como ya lo ha hecho la Presidenta, a un diálogo político amplio, sin exclusiones, que le permita reaproximarse a la sociedad organizada y a las fuerzas políticas progresistas que no son parte de la coalición de gobierno.
“Hoy soplan vientos distintos”. ¿También será así para el Partido Socialista?
Documentos JS Valdivia

Compañero Carlos Lorca, Presente.... Ahora y Siempre!!

El 25 de junio recién pasado se conmemoró un nuevo aniversario de la desaparición de la Dirección Interior Clandestina del PS, que dirigida por el obrero portuario y ex dirigente de la CUT Exequiel Ponce, ella pretendía mantener la continuidad orgánica del partido de Allende, y articular las primeras iniciativas de resistencia y entendimiento político en contra de la dictadura. Entre los integrantes de esa dirección, destacaba el joven parlamentario Carlos Lorca, un hombre formado en las luchas por la reforma universitaria a fines de los años 60 y Secretario General de la Juventud Socialista al momento del golpe militar.El joven Carlos Lorca había ingresado a las filas del PS hacia 1965, bajo el influjo del Che Guevara, de la resistencia del pueblo vietnamita y de los grandes movimientos juveniles por los cambios y las reformas sociales que a fines de esa década se extendían por diversos países de la vieja Europa y de América Latina.Lorca vive intensamente esta etapa, desde la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, en la que pese a su imagen - más bien retraída e intelectual, en notorio contraste con el arquetipo del líder estudiantil carismático de esa época- es electo presidente de su Centro de Alumnos en 1968, y un año después, representante de los estudiantes ante el Consejo Superior de la universidad, vocal y Secretario General de la FECH.Luego de la nominación de Allende como abanderando presidencial por la Unidad Popular, Lorca se transforma en uno de los más entusiastas promotores de la candidatura de la izquierda. Sus compañeros de la escuela de medicina lo recuerdan realizando jornadas de alfabetización y propaganda en las poblaciones del sector norte de Santiago, intentando reforzar entre los pobladores los alcances de la candidatura de Allende. A fines de agosto de 1971, como corolario de su evidente prestigio, es electo Secretario General de la Juventud Socialista, en el transcurso del XX° Congreso de esa organización. A partir de entonces, y sobre la base de un homogéneo núcleo de dirección, la JS aumenta rápidamente su influencia política y social: en el frente universitario, conquista la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción, en los años 72 y 73; se desarrolla vertiginosamente en la enseñanza media, en la Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago, FESES, y en la Federación de Estudiantes de Liceos Industriales, FEITECH; y mejora ostensiblemente su presencia en el ámbito poblacional, sindical y campesino. Todo ello, bajo el despliegue de un sólido esfuerzo de formación política –a cargo de la actual presidenta Michelle Bachelet, entre otros- que sólo en el año 72 supuso más de mil jóvenes socialistas egresados de sus instancias de formación.Un diputado para la RevoluciónEn la álgida situación política que se precipitaba sobre el país, con una oposición ya definitivamente embarcada en la estrategia golpista de la derecha, el país se enfrentó a las últimas elecciones parlamentarias antes del quiebre institucional. Bajo el eslogan de “Un Diputado para la Revolución”, Lorca resultó electo por una de las agrupaciones electorales de la actual Provincia de Valdivia, arrasando entre los estudiantes universitarios, los campesinos y los trabajadores del Complejo Maderero de Panguipulli. Junto a sus compañeros Manuel Rodríguez y Daniel Salinas, y a los comunistas Gladys Marín, Alejandro Rojas, Oriel Viciani y Eliana Araníbar, se conformaría la poderosa bancada juvenil de la Unidad Popular, integrada en su mayoría por hombres y mujeres formados al calor de la lucha de masas en el ámbito estudiantil y popular.Del golpe a la clandestinidadEl 11 de septiembre, mientras los aviones de la FACH comienzan a surcar el cielo de la capital, Lorca se dirigió al vetusto local de la JS en Arturo Prat. Lo acompañaban Ariel Mancilla y Mario Zamorano –el primero desaparecido y el segundo ejecutado dos meses más tarde por los militares- con quienes elimina documentos comprometedores. Más tarde, y en compañía de varios dirigentes, parte al Liceo Industrial de Artes Gráficas, en San Miguel, en donde se habían congregado cientos de estudiantes secundarios afectos a la UP. Luego de escuchar el último discurso de Allende, entrega las primeras instrucciones, intentando evitar la desarticulación de su organización. Más tarde, junto a algunos de los miembros de su Comisión Política, se dirige a una población en la actual comuna de San Joaquín, donde permanece algunos días, para luego retomar contacto con diversos dirigentes e iniciar la reconstrucción de un PS brutalmente castigado por la represión.Con Exequiel Ponce, el experimentado líder sindical de los trabajadores portuarios; Ricardo Lagos Salinas, el miembro más joven del Comité Central del PS; el Pollo Gustavo Ruz y Arnoldo Camú, jefe de la resistencia anti-golpista en los episodios de Indumet, La Legua y Yarur Sumar, se constituye la Dirección Nacional Clandestina del PS, a la que se incorporan Lorca y otros dirigentes de la JS. En esos difíciles momentos, lo sembrado por Lorca da sus mejores frutos: la JS es la estructura que resiste de mejor manera la represión, y a partir de ella se articula el socialismo chileno en la resistencia. La precaria situación por la que atravesaría el PS durante los primeros meses de la dictadura militar, queda graficada en una carta fechada hacia diciembre de 1973, que Lorca envió a un contacto partidario en el exterior. En ella señalaba: “...Nosotros estamos remontando lentamente, con cierta ineficiencia por nuestra falta de experiencia en el trabajo clandestino, una situación inicial muy difícil, ya que la represión afectó fundamentalmente al Partido. Cuatro miembros de la dirección fusilados (Arnoldo Camú, Eduardo Paredes, Arsenio Poupin y Luis Norambuena), siete u ocho arrestados, muchos de los cuales deben estar pasándola muy mal (Uldaricio Figueroa y Tito Martínez brutalmente torturados, Clodomiro Almeyda enfermo y en la Isla Dawson) y direcciones regionales completas fusiladas. Pese a ello, hemos logrado reconstruir el Comité Central y hemos dado los primeros pasos para reconstruir la organización partidaria y el movimiento de masas.”Al interior de esa Dirección, Lorca se dedicó al trabajo internacional, generando contactos con diplomáticos y funcionarios de organismos internacionales, dispuestos a colaborar política y económicamente con la resistencia. Daniel, miembro de uno de los equipos clandestinos vinculados al PS, recuerda que “Lorca se reunió con el embajador de Alemania Federal, en una residencia bajo protección germana en Viña del Mar, a principios de 1974, para hacerle ver su certeza de que Colonia Dignidad ya estaba siendo ocupada como centro de detención contra presos de la zona, y que se estaban llevando detenidos desde Santiago para ser torturados por ciudadanos alemanes en ese lugar”.Sebastián –como se conoció a Lorca en los duros años de la clandestinidad- tuvo también un importante rol en la redacción del llamado “Documento de Marzo”, escrito en 1974 por la Dirección Interior, que provocó una polémica en las propias filas del socialismo, al apostar por una gran alianza antifascista que, incluyendo desde el MIR hasta la DC, sentaría las bases para terminar con la dictadura.La DINA en acciónLorca fue capturado el 25 de junio de 1975, en una casa ubicada en Maule N° 130, de propiedad de Yolanda Abarca, una de las “ayudistas” de los dirigentes del PS en la clandestinidad. Ese día, Lorca debía concurrir al domicilio de Yolanda. Lo haría acompañado por su enlace, la asistente social Carolina Wiff, de 33 años, quien luego del golpe, al alero del Comité Pro-Paz, se había dedicado a organizar programas de ayuda a familias de presos políticos, y de asistencia a niños huérfanos víctimas de la represión.Según recuerda la mujer, cerca de las 10 de la mañana de ese día, desconocidos golpearon a su puerta, ingresando rápidamente cuando ella respondió al llamado: “al abrir entraron violentamente cuatro tipos, y dijeron que no se moverían hasta que llegara el doctor, en clara alusión a Lorca. Yo intenté calmarme, les dije que debía salir a comprar, mi idea era telefonear a algún enlace, avisarles que no viniera, que la DINA estaba esperándolo. Ellos no me dejaron salir, y decían que ya habían pillado a otro pez gordo. Después supe que ese día, efectivamente, habían detenido a Exequiel Ponce, junto a Mireya Rodríguez, su enlace.”Los agentes eran miembros de la Brigada Purén, especializada en la represión al PS, que en junio de 1975 desarrolló una fuerte ofensiva que concluyó con la total desarticulación de su Dirección Interior. De acuerdo a la testigo, en el operativo habrían actuado el Cabo de Ejercito Basclay Zapata, alias El Troglo; Osvaldo Romo, conocido por su participación en múltiples casos de violación a los Derechos Humanos, y Juan Muñoz Alarcón, ex militante socialista conocido por su siniestro rol como El Encapuchado del Estadio Nacional. Conforme a los recuerdos de la testigo, otro agente habría sido el oficial de Ejercito Ricardo Thieme Bahre, hermano del ex secretario general del Frente Nacionalista Patria y Libertad, Roberto Thieme. Todos ellos, bajo la supervisión del Capitán Germán Barriga, Don Jaime o Don Julio, jefe de la Brigada Purén en 1975. Datos posteriores señalan que en otras funciones de ese operativo también habrían participado los oficiales de Carabineros Palmira Almuna y Patricio Castro, adscritos a la DINA en esos años.Alrededor de las 15:00 horas se produjo lo inevitable: el arribo de Lorca y de su enlace a la ratonera montada por la DINA. Sin poder retirar la señal de normalidad (un banderín del Club Deportivo Audax Italiano), debido a la vigilancia permanente de los hombres de la DINA, Yolanda fue conminada a abrir la puerta a los recién llegados. Al hacerlo, los empujaron violentamente hacia el interior de la vivienda. Los agentes se fueron encima de Lorca, la joven enmudeció de terror. La testigo recuerda que el médico sólo les dijo: “mi nombre es Carlos Lorca, soy su prisionero de guerra.” Osvaldo Romo –según la testigo- le colocó un par de lentes a Lorca, porque en ese momento andaba sin anteojos, para despistar, y dijo ¡sí, no cabe duda, éste es el doctor Carlos Lorca Tobar.”La pista del enclave alemánEn junio de 1977, el ex socialista y colaborador de la DINA Juan Muñoz Alarcón se presentó en la Vicaría de la Solidaridad. En una extensa declaración, reconoció haber sido ocupado “en tareas de cazar gente, de interrogarla, de torturar y de matar”. Añadió: “Yo participé en la desaparición de algunas personas que se encuentran en Colonia Dignidad. En este momento se hallan 112 de estas personas en esa Colonia”. En su testimonio, agregaba que quería dejar constancia “... jurar si es preciso, que parte de los prisioneros están vivos, en malas condiciones físicas, muchos de ellos al borde la locura por el tratamiento muy duro por el que pasaron. Me refiero en especial a Carlos Lorca, a (Exequiel) Ponce (...) están en la Colonia Dignidad, en el pabellón segundo.” Días después, el cuerpo sin vida de Muñoz Alarcón apareció apuñalado en un sitio baldío en La Florida.La DINA no admitiría nuevas filtraciones.La posible vinculación de la Colonia Dignidad con la desaparición de Carlos Lorca será uno de los enigmas que el juez Jorge Zepeda deberá esclarecer, ya que a comienzos de abril del año pasado todas las causas de derechos humanos vinculadas a Villa Baviera, que hasta entonces instruía Sergio Muñoz, fueron traspasadas a éste magistrado. Junto a las diligencias por la desaparición del mirista Alvaro Vallejos y de los mapucistas Juan Maino, Antonio Elizondo y Elizabeth Rekas, a Zepeda le corresponderá conocer la querella presentada por el PS en contra de Paul Schaefer en el Sexto Juzgado del Crimen de Santiago, por las desapariciones de Lorca, Exequiel Ponce y Ricardo Lagos Salinas, precisamente la Comisión Política de ese partido en la clandestinidad.La gestión de PanamáEl régimen de Pinochet siempre negó la detención de Carlos Lorca. Ante el recurso de amparo que la familia interpuso en la Corte de Apelaciones de Santiago el 1° de julio de 1975, el entonces Ministro del Interior, General Raúl Benavides, respondió en dos oportunidades que el afectado no se encontraba detenido. Más tarde, en respuesta a un requerimiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el régimen contestó, el 27 de enero de 1977, que “las investigaciones realizadas hasta la fecha sobre la situación de esta persona señalan que no ha sido arrestada por ningún organismo de seguridad”. Pese a la sostenida presión de organizaciones sindicales, políticas y humanitarias del mundo entero, se continuaba negando la detención del ex diputado. Sin embargo, un año antes, el padre del ex parlamentario –Carlos Lorca Leyton- logró entrevistarse con el General de la FACH José Berdichewsky, quien le habría asegurado que su hijo se encontraba en poder de la DINA, comprometiéndose a “ejercer toda su influencia para obtener su libertad”.En marzo de 1976, la filtración de una carta de dos agentes de la DINA, dirigida a Augusto Pinochet, volvía a confirmar la detención de Lorca en manos del régimen. Julio Umeño y María Angélica Aguilera, incorporados a la Sección de Información y Clasificación, en Londres 38, y más tarde adscritos a la Sección de Interrogatorios en Villa Grimaldi, fueron acusados de filtrar información confidencial referida al llamado caso de los 119 (los chilenos muertos en supuestos enfrentamientos en Argentina). Manuel Contreras, en su calidad de jefe de la DINA, dispuso entonces su expulsión del servicio, y los amenazó “con represalias en el caso de referirnos, mencionar o difundir, en cualquier forma, nuestras actividades en esa dirección”. Apelando a los buenos oficios de Pinochet, los agentes reivindicaban el mérito de “haber cumplido paso a paso todas las instrucciones recibidas por el coronel Contreras en relación al caso del señor Carlos Lorca Tobar”, entre otros detenidos. Pero el episodio más significativo lo constituye la gestión realizada por el entonces Presidente de Panamá, Omar Torrijos. Advertido por chilenos residentes en ese país de la detención del ex parlamentario –entre ellos Raúl, uno de los hermanos menores del ex diputado, residente en ese país- el gobernante aprovechó una visita oficial de algunas autoridades panameñas a Chile, para que intercedieran ante Pinochet por la liberación de Carlos Lorca. Al interior de la familia y de la dirigencia socialista se dice que la respuesta de Pinochet habría sido: “ A ese no lo puedo soltar, porque se trata de un pez muy gordo. Pero algo podemos arreglar”. Entonces se dispuso la pronta liberación y expulsión del país de un importante miembro del equipo de organización del PS, detenido en Villa Grimaldi y trasladado de noche al Aeropuerto Internacional de Pudahuel, en medio de fuertes medidas de seguridad.De confirmarse judicialmente la pista de Colonia Dignidad, en donde ya se han encontrado antiguos arsenales clandestinos, restos de vehículos robados a desaparecidos y fichas con información política de diversos dirigentes políticos de la izquierda y de la Iglesia chilena, se acreditaría también la responsabilidad de Pinochet en el secuestro y desaparición de Carlos Lorca, único diputado que hoy permanece como detenido desaparecido, pese a su supuesto fin frente “a las costas de San Antonio”, consignado en el Informe de la Mesa de Diálogo y en una carta del ex jefe de la DINA, Manuel Contreras. Eso, con el agravante de que nuevamente aparecería una conexión entre los jerarcas del régimen con el misterioso enclave de Parral.

Por: Juan Azócar Valdés. El autor es periodista. Editor de temas de gobierno en Crónica Digital.Santiago de Chile, 11 de julio 2006Crónica Digital